martes, 7 de febrero de 2012

Frijol, moto-taxista

Publicado en Jan 25 2012


A mí me dicen El Frijol", comenta un joven que viste una sudadera gris y guantes de piel. Se dedica a un oficio poco común en gran parte del Distrito Federal, pero muy usual entre los habitantes del Barrio de San Francisco Culhuacán: él es chofer de moto-taxi.


8:00 a.m. La mañana es bastante fría, pero poco a poco el sol va calentando las sinuosas calles del barrio. La señora de los tamales ya despacha atole de nuez; el señor de la tlapalería sube la cortina de su local; la escuela primaria abre sus puertas y los niños en uniforme comienzan a llegar correteados por sus padres; una mujer prepara el cambio exacto para abordar el trolebús. El sonido ambiental: un ruido producido por decenas de motos de distintos colores y formas.

En una esquina se encuentra un moto-taxista a bordo de una Italika negra, conectada a una calandria forrada con hule cristal. Va llegando. Acaba de dejar pasaje. Desciende de la moto y voltea a verme extrañado: "¿Qué andas haciendo por acá?, ¿a ver la foto?", pregunta después de extender la mano para saludar y acercarse a la cámara. Se trata de El Frijol, un joven moto-taxista de aproximadamente veinticinco años de edad, que forma parte de una agrupación de moto-taxis con base en la esquina de Avenida Taxqueña y la calle San Francisco. Este sitio cuenta con aproximadamente 35 jóvenes choferes, casi todos habitantes de la zona. En un instante, se acumulan más motocicletas y sus respectivos conductores; transportan a niños y niñas que van a la escuela y trabajadores y amas de casa que diariamente tienen que llegar a la avenida Taxqueña, para continuar con sus actividades cotidianas.

Base de Mototaxis

El moto-taxi como medio de transporte, representa un riesgo para la salud de los habitantes y para los choferes, pero también ofrece una fuente de trabajo estable para muchos jóvenes. Esta situación, aunada a los bajos costos de las motocicletas, explica el constante crecimiento de este tipo de transporte en el Distrito Federal. “¿Cómo vas?, ¿empezando?”, le pregunto a El Frijol, que tiembla de frio y se frota las manos.
-“Sí, apenas llevo tres vueltas”.
-“¿Y cuántas te faltan?“.
-“No chavo, no las cuento, pero un buen. Nadie las cuenta… pero una vez me hice como 60”.
-“¿Y qué onda, te va bien, como cuánto sacas?”.
-“Pues bien, unos 350 y cuando le chingo, unos 400, 450… la bronca es que hay que dar cuenta”, responde.

Comenta que aunque algunos choferes se han esforzado por adquirir sus unidades, la mayoría de ellos entrega una cuenta a otros propietarios que rentan sus moto-taxis por 100 o 150 pesos diarios.

Al interior del barrio se distribuyen aproximadamente otras cinco bases que le permiten a los habitantes, por un mínimo de siete pesos, abordar una unidad y recorrer cortas distancias hacia sus destinos:
-”Unos van a la primaria, ahorita a las nueve entran los del kínder y hay más chamba; otros van al trolebús o a los micros… Vamos cerca, nos hacemos máximo 5 minutos por vuelta, es de aquí a la avenida nada más y a la Carmen o Santa Ana también, pero muy poco, porque hay que usar casco, sino te agarran y te multan. Hasta allá cobramos 15 pesos”.

Interior de una calandria. Puede transportar hasta 4 personas

La mayoría de los moto-taxistas, antes remolcaban su calandria con una bicicleta y la fuerza en sus piernas, pero ahora con las motocicletas, se olvidaron de eso y aunque ya no hacen ejercicio, sacan un poco más de dinero.

Bici taxi. Están siendo reemplazados por moto taxis.

-“¿Qué te gusta más, la bici o la moto?".
-“Pues ya casi no hay bicis; es que con la moto damos más vueltas, pero la neta estoy engordando un buen, ya no hago ejercicio", comenta riendo y frotándose el abdomen con la manos.
-“¿Y la gasolina no sale cara?”.
-“No, sólo le echo unos 30 pesos diarios, pero si se te friega, pues la tienes que meter a taller y eso sí es más caro. Antes, si se te descomponía una bici no había falla”, comenta.

Las calles estrechas hacen ideal al mototaxi como medio de transporte.

-“¿No te vas a subir?”, me pregunta. “Para que conozcas el barrio”. Le pago 14 pesos antes de abordar y me acomodo. “Agárrate”, me advierte.
-“¿Cuantos caben en la calandria?”.
-“Llevamos máximo tres, pero cuando vienen niños los suben arriba de las piernas y entran más”.

El recorrido es bastante inestable y ruidoso, conforme aumenta la velocidad; hay que sostenerse muy fuerte de donde se pueda. Además, las calles en algunas zonas son tan estrechas que no hay espacio ni para banquetas y las moto-taxis tienen que pasar muy pegados a los automovilistas y peatones, situación que representa un riesgo importante.

“¿Te gustó?”, me pregunta de regreso a la base. Ya lo espera una señora que aborda la calandria inmediatamente. “Ahorita regreso, voy a dar la vuelta”. El Frijol sube a su moto, acelera y se pierde a la vista en poco tiempo; sólo queda el sonido agudo de su moto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario